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Déficit atencional: preocupante sobrediagnóstico:

Este es un artículo interesante de María Teresa Villafrade, que se publicó en la revista Mujer de La Tercera el 29/10/2006.

Hay preocupación, porque en nuestro país el déficit atencional está cada vez más presente en las salas de clases. A veces se trata de casos justificados, y otras no tanto. Algunos expertos creen que hay un sobrediagnóstico, pero aun así es tal la explosión que se evalúa incorporarlo al Plan Auge.

El déficit atencional siempre despierta temor y controversia. Primero, porque para ningún padre es fácil aceptar que su hijo pase gran parte de su edad escolar usando un sicoestimulante. Y segundo, porque el diagnóstico es clínico, es decir, todavía no existe un examen que lo avale de manera certera. El miedo entonces es inevitable: ¿tendrá mi hijo realmente este trastorno o es simplemente un niño más distraído y acelerado que el resto?

En el último tiempo se ha visto que no todos los que padecen de esta condición experimentan problemas sociales y/o académicos. No se les puede, por tanto, encasillar y tratar de la misma manera.

Además, en nuestro país existiría un sobrediagnóstico del síndrome de déficit atencional con hiperactividad (SDAH) y un subdiagnóstico del déficit atencional puro, o sea, aquel que se presenta sin hiperactividad. Esto motivó al Departamento de Siquiatría de la Universidad Católica a realizar el 2 de diciembre próximo una charla de actualización dirigida a profesores, padres y público en general. El objetivo es dar a conocer los aspectos novedosos y relevantes que deben tomarse en cuenta, y también los avances que ha realizado la neurobiología en esta materia.

"Hay una tendencia a considerar a los niños hiperactivos como parte del síndrome de déficit atencional, y en ese sentido puede haber un sobrediagnóstico. Paralelamente se está dando un subdiagnóstico de lo que se llama déficit atencional puro, y eso me parece peligroso y más preocupante", afirma el siquiatra del Departamento de Siquiatría de la Universidad Católica, doctor Jorge Barros.

En este último caso, se trata de niños que no son hiperactivos y a los que normalmente se les pesquisa el trastorno en la adolescencia tardía o incluso en la adultez. "Al tratarse de menores que no dan problemas en la casa ni en el colegio, porque no tienen dificultades severas de conducta ni de notas, no se les analiza. Pero lo cierto es que rinden menos de lo que realmente podrían. A veces son capaces de subsanar ese bajo rendimiento con muchas horas de estudio o sobrecarga de trabajo, lo que termina produciendo en ellos una sensación de incompetencia, de frustración, de que son un poco lesos", advierte.

Por ese motivo considera importante ayudar a padres y profesores a tener una mirada discriminatoria y a poner atención para que a futuro la imagen que ese niño se forje de sí mismo no sea incorrecta. "No es un problema solo de Chile sino mundial. El déficit atencional puro se ha descuidado un poco y lo mismo pasa con el déficit atencional del adulto. Hasta hace poco, la Sociedad Americana de Siquiatría ni siquiera los consideraba, pero hoy se están comenzando a reconocer más", agrega el especialista.

Aclara que todavía quedan aspectos que precisar y que la percepción del déficit atencional en general ha cambiado. Hay estudios que muestran que hay gente que no clasifica para el trastorno propiamente tal, pero que, sin embargo, tiene algunas características. "El síndrome es un trastorno neurosicológico que interfiere con la continuidad del pensamiento. Las personas que sufren déficit atencional tienen dificultad en inhibir los estímulos irrelevantes y eso los lleva a interrumpir el curso de su reflexión, de su pensamiento de manera constante por estímulos irrelevantes. Pierden continuidad en el ejercicio de sus tareas, de sus reflexiones y de sus relaciones interpersonales", define.

El neurobiólogo Francisco Aboitiz, del Laboratorio de Neurociencias Cognitivas de la Universidad Católica, viene investigando este síndrome desde hace ocho años junto al genetista Francisco Rothhammer. Sus estudios respaldaron, por ejemplo, el efecto beneficioso del medicamento que se utiliza en niños con este trastorno.

"Les aplicamos distintas pruebas y notamos que su desempeño mejoraba cognitivamente no solo en la respuesta conductual sino también al medir electrofisiológicamente la respuesta del cerebro. Esta era más robusta cuando tomaban el fármaco (anfetamina o ritalín). Obviamente que a los papás les asusta que sus hijos tomen remedios de manera prolongada, pero, por el momento, en todos los estudios de seguimiento que se han hecho, se ha demostrado que los niños medicados quedan más protegidos que aquellos que no fueron tratados. No olvidemos que como cualquier otro trastorno, al no ser tratado por un especialista existe un mayor riesgo de desarrollar conductas problemáticas en el estado adulto. Los que han sido medicados apropiadamente tienden a tener menos conductas disruptivas en la adultez", explica Francisco Aboitiz.

Otra investigación efectuada por ellos en el Laboratorio apuntó a descubrir cuál es el déficit del déficit atencional, porque estos niños no presentan problemas en todas las formas de atención sino solo en algunas. "Nos llamó la atención que ellos se desempeñaban mejor que los niños 'normales' en ciertos tipos de tareas, por ejemplo, al recibir estímulos separados en el espacio y al mismo tiempo. Les cuesta más la atención sostenida, que consiste en mantener el foco por largo tiempo en una tarea que no es entretenida. Tienen entonces atención extendida en el espacio en lugar de atención focalizada o sostenida en el tiempo", aclara el neurobiólogo.

La piedra de tope que enfrentan entonces está en el hecho de que la educación es cada vez más exigente y requiere de mayor atención sostenida.

"Los niños de hoy tienen en promedio un coeficiente intelectual más alto, porque el cerebro de ellos está acostumbrado a manejar más información que los niños de hace 10 ó 20 años. Esto ha desenmascarado una serie de trastornos que antes no se detectaban, porque las exigencias no eran tantas: la dislexia, el déficit atencional, los trastornos específicos del lenguaje, entre otros", dice.

Sin embargo, asegura que no toda la responsabilidad debe recaer en los padres y en sus hijos afectados. "Lo que nosotros esperamos es que exista de hecho una modificación en las estrategias de educación. Nuestro objetivo es que al saber cómo funciona el cerebro de estos niños, encontraremos también la manera de optimizar sus capacidades de aprendizaje. Pero los profesores tienen mucho que aportar, eventualmente habría que efectuar una restructuración profunda del sistema educativo, dejar el énfasis en la atención sostenida y ofrecer actividades más participativas y motivadoras que requieren de otras formas de atención", puntualiza.

La doctora Ximena Carrasco, neuróloga pediátrica del Hospital Luis Calvo Mackenna, Universidad de Chile, comparte la misma opinión. "Mis padres fueron profesores normalistas y en una ocasión le pregunté a mi mamá cuántos alumnos hiperactivos tuvo por curso y me dijo que ninguno. Yo le dije que no podía ser y me mostró varios libros de su biblioteca que enseñaban cómo enfrentar al niño hiperactivo. Eso quiere decir que sí existían, pero no daban problemas porque se usaban estrategias pedagógicas que no subestimaban sus potencialidades. Creo que no hay que ver a los que tienen déficit atencional como enfermos, sino como parte de la diversidad humana", explica.

Se estima que un 5% de los niños chilenos tiene este trastorno y algunas estadísticas incluso lo elevan al 10%. A su juicio, en un curso de 30 alumnos no sería raro que tres de ellos tuvieran el síndrome. "Pero de repente uno escucha que en un curso de 30, la mitad está tomando remedios y eso no puede ser. Puede tratarse de un curso sesgado, porque a lo mejor el colegio es más abierto y estos niños están sobrerrepresentados", dice.

Asegura que los padres sufren mucho, porque sus hijos son inteligentes -incluso suelen ser superiores al resto- y saben que con una metodología distinta, en otro contexto, no tendrían problemas. "Su rendimiento es disarmónico: hay días en que funcionan perfecto y puede que sea porque estuvieron más motivados. O tienen buenas notas en matemáticas y pésimas en lenguaje; o se sacan puros rojos y entremedio un siete", agrega la doctora Carrasco.

Revela que en países europeos como Francia y Suecia no se les trata con fármacos; en cambio emplean recursos educativos distintos. La clave está en la motivación. "Si el niño está motivado trabaja muy bien, y si no da la imagen de ser flojo. Probablemente Einstein tenía déficit atencional, le fue pésimo en el colegio, siempre estaba en las nubes", cuenta.

Sin embargo, si los padres no encuentran para sus hijos un colegio con un método de enseñanza personalizado, ella es partidaria de recurrir a los medicamentos. "No soy antifármaco, no le tengo miedo porque no genera adicción, pero no siempre es necesario. Si el niño tiene una excelente autoestima, sus compañeros no lo rechazan y está bien en el mundo, no hay para qué. Distinto es el caso cuando sufre, no tiene amigos y le va mal. El tratamiento es importante, porque la anfetamina lo que hace es encender nuestro controlador general que es el lóbulo frontal. Sin embargo, yo les pediría a los profesores que jueguen con la motivación", explica.

La doctora Carrasco señala que tanto el Ministerio de Educación como el Ministerio de Salud están abordando el síndrome de déficit atencional e hiperactividad, incluso se estudia incluirlo en el Plan Auge. "A estos niños les falla el autocontrol, el control de la actividad motora, de la atención, de los impulsos. Su racionalidad está un poco inmadura, enlentecida, y hoy los ambientes educativos son más exigentes, les piden competitividad desde pequeñitos. El 20% presenta trastorno del aprendizaje, en especial en la lecto-escritura. Por eso hay que enfrentar el tema desde las dos áreas: educacional y de salud", concluye la profesional. \\

Lo que se hereda...

\ El 80% de los casos de niños con déficit atencional es de origen genético y un 20% es atribuible a hipoxis (falta de oxígeno) perinatal, al tabaquismo de la madre, al estrés materno en el embarazo y otras causas.

\ El 70% de los niños con este síndrome persisten con déficit atencional al ser adultos. Sin embargo, la hiperactividad disminuye en la adolescencia y esa es la razón por la cual muchos abandonan el tratamiento en esa etapa.

\ Este año se publicó un estudio que mostró que el déficit atencional e hiperactividad unido a ciertas variables de personalidad como la temeridad o dificultad de establecer relaciones sociales, incrementa el riesgo de que esas personas desarrollen vidas marginales. "La investigación implicó un seguimiento de 12 años, desde el kínder hasta los 17 ó 18 años, a niños con el síndrome", explica el siquiatra Jorge Barros. "Se puede intervenir a tiempo al menos en una de las variables que es el déficit atencional. La tendencia tanto de profesores y compañeros es a marginar a ese niño, y debiera ser lo opuesto. A los 15, 16 años ya es más difícil intervenir; en cambio, a los seis y siete años es más fácil y muy simple", agrega.

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